sábado, septiembre 10, 2011

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Hace mucho que no me daba el ánimo de escribir.  Sería quizás el poco tiempo que hoy en día le doy a la reflexión, después de la rutina o quizás a que sólo en algunos momentos uno siente la real necesidad de plasmar sus sentimientos en la forma escrita, porque las palabras no son suficientes.

Este comienzo de mes no fue como el de siempre.  Creo que ha sido el más doloroso que nuestro país recuerde desde unos 30 años aproximadamente; pero es significativamente más doloroso para nuestra familia.

El día 30 de Agosto, antes de finalizar el mes mi padre, Don Oscar Custodio Cabrera Muñoz, partió de este mundo.

Después de sufrir por casi un mes entero hospitalizado en la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica Antofagasta, Dios le entregó el descanso eterno.

Mi papá nunca quiso revelar la verdadera magnitud de sus dolores y problemas gástricos.  Ahora entendemos que lo hizo para no darnos una carga de una enfermedad que él entendía como sin remedio.  Si hubiéramos  sabido de sus problemas con antelación quizás aún estaría con nosotros.  Y digo quizás porque, hoy pensando en él y en Dios, creo estar entendiendo que era su hora, era su momento de partir.  Es lo más difícil de aceptar porque va contra todo lo que mi corazón implora y exige.





Gracias a la paz  que se encuentra en la oración y en el recogimiento, es que ahora puedo entender que está en el mejor lugar en dónde puede llegar a estar el alma humana.  En el lugar en dónde ya no habrá sufrimientos ni dolores.  Ahora entiendo la necesidad de descansar que su cuerpo exigía.

Me recrimino todos los días el no haber estado más tiempo junto a él, más fines de semana visitando a la familia como en antaño, haber planeado otra junta o bien sólo haberlo invitado a dar un vuelta para pasar el tiempo juntos; pero también como dijo mi señora Leslie "nadie es capaz de saber cuando será llamado por Dios.  Fue ayer como también pudo haber sido hace varios días o meses atrás.  Piensa en que ahora ya no siente dolor y está mejor que todos nosotros...".

Ahora me siento afortunado de cada momento que compartí con él, de sus historias cuando era chico, del pueblo del Tránsito en dónde pasó sus mejores momentos de infancia, del Portuguesa Fútbol Club, de sus entrenamientos con el ilustre Hernán "Clavito" Godoy; de cuando mi tata Oscar (su padre), lo llevó a ver el Clásico Universitario al estadio Nacional con el cuadro verde de Carabineros incluido, de sus profesores de universidad que lo marcaron, de sus cuentos para ir a ver las carreras del Teletrak, de cuando nos las dábamos de "viejito pascuero" y salíamos a repartir regalos a los primos el día 24 de diciembre en la tarde y sus asados familiares.

Ya todo lo malo que alguna vez llegué a pensar de él, quedó en el olvido.  Sólo tengo amor y cariño por todo el ejemplo que me dejó.


Papá:  Siempre te extrañaré.  Sé que ahora nos cuidarás a todos desde el cielo.  En especial a tus nietos y los que están por venir, pero por sobre todo a mamá, quién fuera tu compañera de toda la vida.

Hoy ya eres libre y estas salvo, nos llevas la delantera.

Te amo mucho y te amaré por siempre.

Tu hijo

Luis.






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